martes, 26 de mayo de 2009

Magia potagia


En ocasiones te preguntas cuál es el origen de las cosas. Una situación, una lectura, o simplemente al mirar al cielo una noche de verano, o al ver la fuerza del granizo, una tormenta gris violácea que cubre el cielo sobre la urbe. Y te planteas qué o quién pudo hacerlo, cómo fue posible. Porque la naturaleza es perfecta en su imperfección, y es capaz de alcanzar por sí misma y sin cambiar la sublimidad a la que todo ser aspira.



Pero no podemos explicárnoslo. Ni podemos tampoco saber de dónde nos sale ese dolor profundo, como si te atravesase una aguja, cuando tenemos lejos al ser amado. No somos capaces de expresar con palabras (ni con letras, ni sonidos, ni imágenes siquiera) qué es lo que nos atenaza el alma.



Y entonces, en un momento de revelación, te das cuenta de que no eres nada. Para el universo, tu vida no es más que una de entre los millones que ocupan la tierra, Su tierra. Y mientras tu alma sufre en su interior y suda sangre, el eterno amargor del saber que no eres nada, algo pasa. Tu hijo acaricia tu mano, tu amado pide tu atención, una lágrima requiere ser secada.


Y te das cuenta de que hay algo diferente. Todo en su justa medida, eres un pilar de tu universo, algo que evita que se derrumbe alrededor, cuando ya las desgastadas vigas no pueden sostenerlo. Y pierdes parte de tu ceguera. La sublimidad no está solo en la naturaleza, también un gesto, una imagen, una palabra, pueden en un momento alcanzar el sumum y el todo.


Aunque su comprensión le esté vedada al ser humano...

4 comentarios:

Menelmakar dijo...

Pues porque es lo que somos. Nada. Meros visitantes de paso.

Morgana Majere dijo...

Remito a lo que dije cuando abrí este blog: exegi monumentum aere perennius. (he levantado un monumento más perenne que el bronce). :)

Sergio dijo...

En su ignorancia, no se percatan de que no son más que una ínfima existencia...

Me ha encantado esta entrada :)

Javi dijo...

Has estado muy inspirada últimamente ^^