domingo, 1 de noviembre de 2009

Sonríes, cierras, mientras sonríes, los ojos, mientras bailas. Y en tu mente el baile se convierte en el más puro movimiento final. Porque ya lo sabes, no hay vuelta atrás. Pero sonríes, cierras, mientras sonríes, los ojos, mientras bailas. Y aspiras el aroma del cuero que tus manos emanan en la oscuridad.

La oscuridad nos rodeaba. Tan solo un débil foco sobre mí, sobre nosotros. Un débil resplandor que apenas si alcanzaba a iluminar nuestras miradas. ¿Qué has dicho?¿Qué dijiste? ¿Qué más da? Ya no importa, lo sabes, lo supiste, como lo sé yo mientras rozo con mi artificial yema de cuero el sudor de tu rostro.

¿Qué más da, si tus minutos están ya contados?

2 comentarios:

Javi dijo...

No sé qué me gusta más: si el texto o la etiqueta de "Dame-paciencia-Dios-que-como-me-des-fuerza-la-armamos"

xDDDDDD

Quiero leer un relato largo tuyo

Hinageshi dijo...

Esta entrada es genial, en todos los sentidos.

A mí también me gusta ese olor...