sábado, 23 de octubre de 2010

Solitude

Soledad, que tanto te buscamos cuando estamos con gente, y tan poco cuando estamos solos.

Tengo la suerte (o la desgracia) de ser capaz de autoanalizarme con cierto éxito. Esto implica que suelo saber con bastante certeza el origen de las cosas que pasan por mi cabeza, pero también que, unido a mi maldita empatía, tiendo a conocer la opinión de la gente sobre mí.

Hablábamos hace poco de la eficacia de los sociogramas como instrumento educativo, advirtiéndonos el profesor con gran vehemencia de que los datos obtenidos deberían ser guardados como secreto profesional. Y a pesar de no haber prestado juramento hipocrático, creo que es algo fundamental. El hecho de que alguien posea tantos datos personales (porque de esos datos hablo) sobre un grupo de gente que tiene que convivir de manera habitual le otorga un gran poder. Y ya se dijo una vez que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Los adolescentes están en una etapa de su vida en que su mente es una tabula (quasi) rasa, y lo que un profesor pueda decirles tiene la habilidad de marcarlos muy profundamente, a veces tanto que no lo olvidarán jamás. Esto puede utilizarse para bien, por supuesto, pero también puede servir como medio de tortura, como medio de menoscabar a un individuo y socavar sus cimientos hasta que pierda la confianza en sí mismo.

Y a pesar de que sea una forma de educar, el reducir a alguien a cenizas para a partir de sus ruinas levantar un nuevo edificio puede resultar un tanto peligroso. A veces los desechos no se pueden reciclar.

Sin embargo, esto va dirigido y orientado a los sociogramas (o al conocimiento) elaborados sobre otros. Pero ¿qué pasa cuando es uno el que obtiene esa información sobre sí mismo y por sus propios medios? ¿Qué ocurre cuando uno descubre lo que otros piensan sobre él?

Es necesaria mucha fuerza de voluntad y mucho temple para soportar las opiniones, tanto positivas como negativas. Puede parecer agradable recibir críticas positivas, saber que los demás te aprecian por tus dones (boobs?). Pero esto puede llegar a plantear dudas sobre la imagen que tenías de ti mismo. ¿Eres tan bueno como piensas? ¿De verdad creen así? O ¿es que tal vez se están riendo de ti?

Y no son menos duras las críticas negativas. Puede que con el apoyo suficiente seas capaz de asumir lo que otros piensan de ti, incluso puede que te llegue a dar lo mismo si te quieren, te odian o te ignoran.

Pero si ese apoyo falla, si tu fuerza interior no es la que piensas, corres el riesgo de caer. Porque un edificio con cimientos flojos, que se construyeron deprisa y con material defectuoso solo por conseguir rápidamente una buena fachada, no soportará el peso que se le aplique en cada piso. Y cuantas más particiones internas tenga, más difícil se le hará sostenerse.

Y como ya he dicho antes, a veces los desechos no se pueden reciclar.

1 comentario:

Duenda. dijo...

saudade, también.
d.